clásicos

Where I’m Coming From es de las mejores entregas que el prodigio del Soul Stevie Wonder, incluso a la altura de discos como Talking Book e Innervisions, posteriores a éste álbum que tiene 40 años recién cumplidos.

Lanzado originalmente el 12 de abril en Estados Unidos y el 4 de Mayo en el Reino Unido Where I’m Coming From significó uno de los primeros pasos importantes en cuanto a la independencia artística por parte de Wonder, que co escribió todo el repertorio del disco con la que fue su esposa en un breve lapso por aquel entonces Syreeta Wright. Quien además fue parte del trío vocal femenino Wonderlove, que acompañaba al Maestro en sus presentaciones de fines de los sesenta y principios de los setenta.

Si bien el contrato millonario con Motown para la completa y absoluta libertad creativa llegó con el disco siguiente Music of my mind de 1972, Where I’m Coming From fue una primera muestra de lo que Wonder podía hacer con el control de la grabación y toda su creatividad sin ataduras. Canciones como I Wanna Talk to You y Take Up a Course in Happiness, lo demostraron promediando el disco.

Pero si algo caracterizó al Wonder de los 70, y que marcaría a fuego el resto de su carrera, fue el compromiso social. Frase que suena usada, gastada y deshechada por muchos artistas, pero que en canciones como Look Around, que abre el disco, el mensaje no sólo a la comunidad afroamericana, sino a todo aquel dispuesto a escucharlo, era directo y emotivo: Somos extraños casados con nuestros peligros. Mirá a tu alrededor y verás las ruinas de la historia humana. Mirá a tu alrededor y verás que el tiempo sólo flota en tu mente.

También en éste álbum nos encontramos con uno de los paradigmas sonoros de la canción Soul: Think of Me as Your Soldier. Track número tres de la cara A, que es una propuesta de amor para todos con la promesa de Stevie de dedicar su vida a transmitir el “Endless love to you”, acompañado de una orquesta de patente en el paraíso y un ritmo simple que tiene a la voz Maravilla como principal protagonista.

En el mismo plan sonoro y lírico, aunque con un marcado paso del Soul al Funk y con cierre Gospel, nos encontramos con la novena pista, que cierra el disco, titulada Sunshine in Their Eyes y que cierra con la idea del principio de “mirar alrededor”, pero esta vez acompañado de un coro, no necesariamente profesional, de niños que entran en el momento clave de la canción. Aquí Stevie Wonder canta sus ansias de ver el brillo del sol en los ojos que tienen hambre, que sufren del dolor y que abandonaron sus sueños.

Un predicador del amor y de la justicia social cuyo mensaje se renueva escucha a escucha con las mismas palabras aunque pasen cuarenta años, y en el mundo los problemas sigan siendo los mismos.

THE ROLLING STONES – STICKY FINGERS

En los 70’s los británicos The Rolling Stones confirmaron que se podía ser aún más grande que en la década anterior. Sobre todo si contamos a Let It Bleed como punta de lanza de esta premisa, ya que fue lanzado en diciembre del ’69, y abrió el camino para el sonido más característico de la banda de Jagger y Richards.

Sticky Fingers fue el segundo capítulo de la trilogía también compuesta por Let It Bleed y Exile on Main St., en uno de los picos creativos más importantes de la carrera Stone. Este disco, que vio la luz el 23 de abril de 1971, fue además un paso importante en cuanto a la independencia del grupo ya que vencido el contrato con Decca inauguran su sello Rolling Stone Records. Hecho que da lugar al nacimiento del ícono per se de la banda: los labios con la lengua afuera, diseñado por Mick Jagger y el artista John Pashe inspirados en la diosa Kali.

Otro detalle artístico para destacar, en cuanto a la visual que acompaña al disco, es sin dudas la tapa diseñada por Andy Warhol, con la imagen de unos jeans cuya cremallera podía subirse y bajarse. Una de las tapas más recordadas del Rock.

Para las sesiones de este disco, Mick Taylor ya era un miembro más y uno fundamental para el sonido con tufillo a Mississippi que caracterizó buena parte del repertorio Stone en los ’70. Ya no era “el reemplazo de Brian Jones”, sino el responsable de muchos de los arreglos y el solista en la aventura de más de siete minutos que comenzaba a cerrar la cara A del álbum: Can’t you hear me knocking, seguido del breve cover You gotta move.

Antes de esos temas hay tres clásicos: el súper rollinga Brown Sugar, Sway (canción ignorada si las hay) y Wild Horses, acaso la pista más bonita de la discografía Stone con un aire Country que baja las revoluciones de las dos primeras pistas que venían de mayor a menor, pero sin perder el pulso Rock. El responsable de la composición musical de Caballos Salvajes fue Keith Richards, que convenció al letrista Jagger de ceder el tema a Gram Parsons para el disco Burrito Deluxe de The Flying Burrito Brothers publicado exactamente un año antes que Sticky Fingers.

En la cara B del álbum nos encontramos inmediatamente con el furioso Bitch, aunque la locura dura poco ya que con I Got the Blues el clima cambia y de la mano de Sister Morphine, canción compuesta a dúo con la ex novia de Jagger, Marianne Faithfull, nos sumergimos en la historia que habla de la agonía de un adicto y su necesidad de conseguir morfina para paliar su dolor.

Las temáticas algo marginales, sexuales y con algunos planteos existenciales, son moneda corriente en un Sticky Fingers que comenzó las sesiones de grabación hacia fines de 1969 con algunos resabios de lo que fue Let It Bleed y que tendrían evoluciones de demos descartados en Exile… como Tumbling Dice en un año y meses de grabaciones y arreglos.

A la formación encabezada por Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Mick Taylor se le sumaron algunos músicos interesantes como el bajista y tecladista Bill Wymann, el saxo de Bobby Keyes, las teclas de Ian Stewart, Nicky Hopkins y Bill Preston, la guitarra slide de Ry Cooder y alguna voz perdida por allí de Pete Townshed, vocalista de The Who. La producción fue de Jimmy Miller, viejo conocido de los Stones, que supo explotar el mejor sonido del grupo hasta el momento.

El disco lo cierran la campestre Dead Flowers y Moonlight Mile, una canción de fogón que evolucionó hasta convertirse en una de las canciones con mejores arreglos de Sticky Fingers, uno de los mejores discos de The Rolling Stones.

QUEEN – A NIGHT AT THE OPERA

Hace treinta y cinco años veía la luz el disco bisagra para los británicos Queen. A Night at the Opera fue por entonces el cuarto álbum y a pesar de lo desparejo como obra de continuidad, es uno de los fundamentales de la historia del rock universal.

Para 1975 Queen ya tenía una bien ganada fama con los dos primeros volúmenes homónimos y el siguiente Sheer Heart Attack. La banda había tomado por asalto al rock de estadios cuando aún estaba en pañales como “formato” de presentación en vivo y en una época donde el underground daría como fruto a muchas grandes bandas en el futuro. Queen dio el salto en el momento justo.

Con los miembros de la banda grabando juntos y por separado en cinco estudios distintos, uno de ellos en Gales y el resto en Londres, A Night at the Opera significó la primera entrega de Queen para el sello EMI, firma fundamental a la hora de financiar el desafío discográfico más caro hasta el momento. Y en relación a este cambio, no es casualidad que el disco comience con Death on two legs, una canción escrita por Freddie Mercury inspirada en la relación que el grupo tuvo con su manager anterior Norman Sheffield, quien quiso intimarlos a permanecer en la disquera Trident, además de haberlos llevado a una virtual ruina económica.

Lanzado a la venta el 21 de noviembre de 1975, el disco contó con la producción de Roy Thomas Baker y Mike Stone como ingeniero de sonido, fundamentales a la hora de armar el rompecabezas de composiciones que aportaban Brian May, Freddie Mercury, Roger Taylor y John Deacon, con texturas muy variadas y provenientes de distintas influencias.

Tanto May como Taylor han repetido a lo largo de los años, y con la repercusión que este disco tuvo, que el concepto con el que se encontraron fue el del eclecticismo que The Beatles supo desarrollar sobre todo en sus últimas entregas. Y que desde el estudio de grabación se trató de conjugar cada capa vocal e instrumental para que, a pesar de esta clara referencia, la banda acuñara un nivel más en la escalada que significaba tener un sonido característico y que “cada tema sonara a Queen”. Lazing on a Sunday Afternoon, Seaside Rendezvous y algunos breves pasajes de otros temas tienen ésa cuota de singularidad que nada tenía que ver con el aspecto glamoroso y explosivo en la estética de la banda. Que también podía rockearla más que Led Zeppelin o Black Sabbath en temas como en los más de ocho minutos de The Prophet’s Song, Death on two legs o I’m in love with my car.

Fueron cinco las composiciones del explosivo guitarrista Brian May que además aportó la voz cantante en Good Company y 39. A las que hay que sumarle una del baterista Roger Taylor y otra de bajista John Deacon: You’re my best friend (segundo simple del disco). Las otras cinco restantes son cortesía de Freddie Mercury. Entre las que se destacan está en primer lugar Love of my life, acaso la mejor canción de amor que una banda de rock pudo hacer en mucho tiempo. Y por otro lado el primer simple y el tema responsable del éxito final del disco: Bohemian Rhapsody. Una ópera rock en sí misma que generó todo tipo de análisis desde la fecha de publicación hasta el día de hoy inclusive. Un golpe al mentón de casi seis minutos a toda la música hecha y por hacer, que vale más escuchar que explicar.

La consagración de Queen vendría de la mano de A Night at the Opera. Esta pieza inspirada en la obra de los hermanos Marx tuvo la primera de sus coronaciones en Hyde Park, inaugurándolo con un show gratuito ante unas 100 mil personas.

LOVE – FOREVER CHANGES

Con los arreglos más pretenciosos de la música pop/rock hasta entonces y letras inspiradas en momentos en los que la mente comenzaba a expandirse como nunca antes, Forever Changes, de Love, apareció desde California para ser entendido como pieza clave de la música contemporánea a más de cuarenta años de su lanzamiento.

Aunque para 1967 Love ya había lanzado el ignoradísimo Da Capo, Arthur Lee, principal compositor, cantante y productor del material discográfico del grupo, sintió que ese disco no lo representaba ni a él, ni a la banda, ni al momento por el que la juventud norteamericana estaba pasando. Por eso, para mediados de ese año decidió entrar nuevamente para grabar la tercera entrega del colectivo multiétnico.

Cargado de texturas de folk acústico, psicodelia propia de aquellos días, melodías pop hipnóticas y una visión bastante particular y surrealista del mundo que lo rodeaba, Arthur Lee armó la pieza cumbre llamada Forever Changes, moviendo algunas piezas dentro de la formación del grupo, pero manteniendo el tándem creativo con el ex manager de The Byrds: el guitarrista y vocalista Brian McLean, quien aportó el tema que abre el disco Alone Again Or y Andmoreagain.

Los arreglos en Forever Changes tienen más que ver con su discografía anterior que con la que le siguió. Si bien Da Capo tiene algunas piezas fundacionales en cuanto al sonido rock, este disco explora climas pop con mayor presencia de guitarras acústicas punteadas en clave flamenca, vientos con formación de trompeta y trombón, momentos folk de fogón de cámara con violines y cellos y la voz de Carol Kaye (crédito nunca confirmado) en Andmoreagain.

Sin embargo, Forever Changes se permite jugar con lo que en el Buenos Aires contemporáneo se conoció como el sonido “beat”, y algunas zapadas con pulso hard rock. Entre esas licencias también hay joyas que vieron la luz gracias a la reedición en CD del álbum en 2001 por parte de Elektra, la vieja compañía con la que firmó Love para sus primeros discos, como los inéditos Hummingbirds y Wonder People; y versiones alternativas de You set the scene y Your Mind and We Belong Together que tiene lo que debe ser el primer Freestyle de Rap de la historia.

Pero si hablamos de historia, el cuento de Love no terminó en Forever Changes, aunque para la crítica especializada sí, ya que no fue demasiado auspicioso (o talentoso) lo que siguió después. Con incesantes cambios de formaciones, desequilibrios emocionales por parte de Arthur Lee y Brian McLean que dejó la banda promediando 1968, el grupo sacó algunos discos más como Four Sail, Out There, False Start y Reel to Real.

Eventualmente Lee despidió a todos los miembros del grupo, fue solista, tuvo problemas con la ley, regresó a principios de siglo para aprovechar el éxito de la reedición de Forever Changes y la banda que armó para presentarlo acabó despidiéndolo a él en 2005. Un año después moriría de leucemia.

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JIMI HENDRIX – BAND OF GYPSYS

A días del lanzamiento de Weast Coast Seattle Boy, la antología de cuatro discos que se suma a Valleys of Neptune (también póstumo, también de este año), Band of Gypsys sigue siendo el mejor reflejo de Hendrix en vivo, cuarenta años después de las noches del Fillmore East.

Luego de la disolución de la Experience, Jimi Hendrix decidió convocar su amigo del servicio militar Billy Cox para cumplir con el show que lo tenía como una de las figuras principales en Woodstock. Allí, acompañado por percusionistas y demás artilugios, Gypsy Sun & Rainbows, como él mismo bautizó arriba del escenario, hizo una de las actuaciones más notables del rock hasta el momento.

Aunque para esa altura Hendrix ya sufría de desequilibrios emocionales, se fue muy conforme del festival de Nueva York y creyó encontrar en lo que ahora llamaría Band Of Gypsys, la solución al problema que tenía por delante al encontrarse sin su banda original. Así, sumo a Buddy Miles a la batería, nuevamente en trío.

El registro de la existencia de esta etapa quedó conformado tras las cuatro actuaciones en el Fillmore East de Manhattan en la víspera de año nuevo y los primeros días de 1970. Para esos shows Hendrix centró los sets en material a estrenar en el que venía trabajando, algunas nuevas versiones de temas de la Experiencie que tuvo que agregar por una cuestión de falta de canciones, y dos composiciones cortesía de Buddy Miles, con quien además compartió el micrófono en varias ocasiones a lo largo del espectáculo.

De las seis canciones que finalmente integraron Band of Gypsys, Machine Gun sobresale del resto. Por entonces una novedad, Hendrix ya la había interpretado en Woodstock junto con una versión libre del himno norteamericano, efectos de guitarra que emulaban sonidos de guerra, y un inspirado Buddy Miles encargado de las ametralladoras.

Canciones como Power of Love y Message to Love, que luego verían la luz en su versión de estudio con un Jimi Hendrix ya fallecido, son también un claro reflejo de lo que este músico podía hacer en vivo.

El resto de la actuación es en sí misma una clase magistral de rock & blues con un trío que, sin tanto tiempo de ensayo, en algunos pasajes, superó el nivel rítmico de la Experience con un Hendrix lúcido y fino, un Billy Cox preciso y Buddy Miles que mostró una táctica bien distinta a la de Mitch Mitchel, amén de sus dotes como cantante.

Unos meses después de la actuación en el Fillmore East Jimi disolvería Band of Gypsys para volver a juntar a la Experience con Mitchel nuevamente en la batería, aunque con Cox en lugar de Noel Redding, y así hacer su última gira llamada The Cry of love Tour.

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JOHN LENNON/PLASTIC ONO BAND – JOHN LENNON/PLASTIC ONO BAND

La noticia llegó hacia mediados de este 2010, cuando Yoko Ono, viuda del ex Beatle, anunció que para la fecha en la que John Lennon cumpliría 70 años, se lanzaría al mercado una reedición remasterizada de su discografía solista y algunos compilados.

Por eso en este espacio vamos a hablar del primer trabajo post Beatles que Lennon grabó en medio de una revitalización creativa y emocional, donde después de algunos meses apartado de todo y metido de lleno en un redescubrimiento terapéutico junto con Yoko, aparecieron varias de las canciones que marcarían el principio de una, por entonces, nueva historia que terminó trágicamente diez años después.

John Lennon/Plastic Ono Band aparece en las bateas después de algunas experimentaciones de este proyecto durante la estadía de John en la transatlántica experiencia beat. Para 1969 la Ono Band era un súper grupo sin material seriamente grabado, y con la esporádica participación de personajes como Eric Clapton, Keith Moon y Klaus Voorman, entre muchos otros.

George Harrison y Ringo Starr también se unieron a Lennon en el viaje, pero para la primer grabación hecha y derecha de fines de Septiembre de 1970 sólo Starr se sumaría a una formación compuesta por John y Klaus en un formato power trío capaz de rockearla sin límites, ser increíblemente folk y hacer gospel mejor que los negros.

Con la esporádica participación de Phil Spector en la producción (además tocó el piano en Love), el control de las sesiones de grabación estuvo a cargo de John y Yoko, que en los créditos aparece como la responsable del ‘viento’. Otros invitados en Abbey Road Studios fueron Alan White de Yes, Billy ‘quinto beatle’ Preston (Sly & the Family Stone y Sam Cooke, entre otros) y el ya mencionado Klaus Voormann (amigo de John, responsable de la portada de Revolver y por entonces bajista de Lou Reed).

El álbum está originalmente compuesto por doce canciones a las que hay que agregarle los bonus Power to the people y Do the Oz, aunque los destacados de John Lennon/Plastic Ono Band son Working Class Hero, Well Well Well y God, que es una declaración de principios fundamental para entender a Lennon ya que en ella manifiesta su descreimiento por todo lo impuesto por la sociedad, la cultura, la política y la religión. En esta canción John transmite todo el sufrimiento que pasó durante su aislamiento, buscándose a sí mismo, con la muerte de su madre a sus espaldas, y comprendiendo todo lo que debía hacer era creer en él mismo y en su compañera, siendo su arte la única vía de escape de sus tormentos.

Luego vendrían discos como Imagine, Some Time in NYC y Rock’n’Roll en un legado interminable que reaparece para los más jóvenes nuevamente en las bateas de nuestra disquería amiga.

John Lennon
09/10/1940 – 08/12/1980

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THE DOORS – WAITING FOR THE SUN

Por estos días, en esta parte del mundo, uno se encuentra varias veces mirando al cielo y esperando por el sol. Por eso vamos a hablar de uno de los discos más desparejos de The Doors en el aniversario de su salida a la venta, y recordando a un Jim Morrison que hace treinta y nueve años daba uno de sus últimos alaridos.

En enero de 1968 la banda comenzó a pensar en un tercer álbum para una carrera que, aunque caótica, había arrancado con el pie derecho ya que sus dos primeras entregas habían sido muy exitosas. Pero ni The Doors ni Strange Days habían conseguido lo que Waiting for the Sun lograría, quizás más por expectativa, que por la calidad del disco en comparación con sus predecesores: ser número 1 en ventas en Estados Unidos ese año.

The Doors ya era dueño de una fama que incluía shows inconclusos, un cantante excéntrico y atrevido, y una banda ajustada y virtuosa, con interminables improvisaciones. Por esto, la demanda del público de un nuevo álbum después de haber debutado con dos discos un año antes se hizo escuchar, ya que el grupo formado por Morrison, Manzarek, Krieger y Densmore entró al estudio a grabar canciones que el Rey Lagarto ya tenía escritas. Una joya perdida de esas sesiones fue justamente la que dio nombre al disco, pero que vio la luz en Morrison Hotel.

Otro tema que estaba pensado para el disco, pero que nunca se grabó en estudio fue Celebration of the Lizard, que quedó grabada en una versión corta y con otro nombre: Not to touch the Earth.

Hello, I Love You fue resultado de esas grabaciones y no sólo abrió el álbum, sino que fue el simple que más vendió, y a pesar de su simpleza tanto musical como lírica, sirvió como punta de lanza para el éxito de Waiting for the Sun. Aún así, además de esa, otras canciones como The Uknown Soldier y Five to one (chistes peronistas al margen), trascendieron al disco mismo con grandes momentos de la banda como los solos de Krieger y las bases de batería de John Densmore.

El carácter de Jim Morrison por entonces ya era ingobernable dada su adicción al alcohol, el LSD y el peyote, sustancias en las que encontró reparo ante el pánico escénico. De todos modos salió de gira por Europa ese año para promocionar Waiting for the Sun, y siguió lidiando con la ‘normalidad’ de The Doors hasta su muerte el 3 de Julio de 1971, a tres meses de haber lanzado L.A. Woman, el sexto álbum de la banda.

MILES DAVIS – MILES IN THE SKY

Miles Davis es sinónimo de jazz y virtuosismo. Así que, escapando un poco de la panzada patria que nos dio el fin de semana largo, no haremos un minuto de silencio por él, sino que los parlantes enchufados al tocadiscos irán a su máximo volumen para recordar un nuevo aniversario del nacimiento de Miles Dewey Davis III, protagonista de una revolución que nada tuvo que ver con la de Mayo.

Y para recordarlo nos vamos a uno de los álbumes que, para muchos entendidos, es de los más difíciles de digerir de su discografía. Hablamos de Miles in the Sky, un larga duración que este trompetista negro terminó de grabar días antes de cumplir cuarenta y dos años.

Para esa ocasión decidió volver a trabajar con Herbie Hancock a la cabeza de un quinteto que fue completado por los virtuosos Wayne Shorter en el saxo tenor, George Benson, que tocó la guitarra eléctrica en Paraphernalia, (el segundo track del disco), Ron Carter en el bajo de ocho y bajo eléctrico, y Tony Williams en la batería. Con este line up, y sus particulares características para el jazz de fines de los sesenta, Miles sentó las bases para el jazz fusión que más tarde exploraría a fondo con discos como In a silent way y el emblemático Bitches Brew, ambos grabados en 1969.

En este disco, Miles firma sólo dos de las cuatro composiciones, aunque éstas son las más largas del álbum: Stuff y Country Son, de la cual, a partir de 1998, se pudo encontrar una versión alternativa que acompañó el relanzamiento del álbum ese año con seis pistas en total.

En los años siguientes Miles Davis seguiría vinculado a Columbia en lo que para muchos fue su etapa discográfica más memorable. Más tarde vino un período algo menospreciado por un sector del público del jazz donde Miles, después de un tiempo inactivo, volvió a tomar la trompeta por las astas durante los ochenta y hasta el fin de sus días en 1991.

Pasaron ya unos cuantos años desde su muerte, pero un día como hoy no sólo nacía Miles Davis, sino que también le daba las primeras escuchadas a un trabajo que acababa de terminar.

MANDRILL – MANDRILL

Los mandriles son fácilmente reconocibles por el color pardo de su pelaje y sobre todo por el tono azulado y rojizo de su cara y trasero. Esta coloración se adquiere con la madurez sexual y se intensifica cuando los individuos se excitan. Los colores del trasero tienen la finalidad de realzar la visibilidad y ayudar al grupo a mantenerse unido entre la densa vegetación de la selva, en la demostración más cercana a la organización social de los humanos dentro del mundo animal.



Con esta premisa primate, tres hermanos panameños criados en Brooklyn volvieron a sus raíces para sobresalir entre la espesa escena neoyorkina.

Líderes desde el trío de vientos, los fraternos Wilson (Carlos en trombón y voz, Lou en trompeta y coros, y Ric en el saxo y las segundas voces) convocaron a un grupo de vecinos ítalo-latinos que hacia 1968 condensaron todo su ritmo en pequeños shows sin demasiada convocatoria.

Con el antecedente, y la clara influencia, del colectivo Funkadelic, Mandrill le encontró la vuelta y el orden a un sonido que, si bien era canalizado de forma casi violenta en sus presentaciones de antaño, tenía sus raíces en algunas formas musicales aún inexploradas por el público de la parte norte de la costa este americana. Así en su funk-soul desenfrenado arraigaron ritmos latinos, algo de rock y blues, mucha psicodelia y tintes jazzeros que cuajaron perfecto no sólo con la personalidad del grupo, sino también con el momento que la música vivía a fines de los ’60.

Justamente, en 1970 Mandrill firma contrato con Polydor y lanza su primer larga duración con el nombre del grupo como sello tanto en el disco, como en la primer canción. Y si bien la repercusión en primera instancia no tuvo un alcance a nivel nacional, dejó las bases hechas para que el grupo siga trabajando para un sello que le garantizaba distribución y difusión, pero con bastante independencia en lo musical.


Después del debut de Mandrill vinieron más discos durante la década del 70, como Mandrill Is, Outside of Town, Mandriland y Energize, en los que la banda liderada por los hermanos Wilson buscó encontrarse con el éxito que en algún momento alcanzó Funkadelic, Ohio Prayers o Sly & The Family Stone, aunque sin lograrlo del todo.

El punto final fue la grabación de la banda sonora de The Warriors junto con Luther Vandross en 1981. Luego de eso editaron simples, como el solidario por las víctimas del 11 de Septiembre llamado ‘Peace and Love’ rememorando las cinco canciones del mismo nombre que integran el primer disco la banda.
Lo último se supo el año pasado con un featuring perdido en las bateas de alguna disquería negra de las calles neoyorkinas.


A cuarenta años, y con muchos beats bajo el puente del winco, lo mejor de Mandrill está en su primer disco.

MANDRILL – MANDRILL (LIVE)

GIL EVANS – THE GIL EVAN’S ORCHESTRA PLAYS THE MUSIC OF JIMI HENDRIX

En marzo se cumplieron veintidós años desde la muerte de este ángel con dedos de pianista que fue uno de los responsables del cool jazz.

Desde Miles Davis hasta Charlie Parker se asociaron con Gil Evans para crear muchas de las mejores piezas del género que nació negro a principios del siglo XX y que encontró en este canadiense blanco como la leche uno de sus hijos pródigos.

Desde 1946 Ian Ernest Gilmore Green decidió hacerse llamar Gil Evans, adoptando el apellido de su padrastro. Así dio un giro en su vida, que por entonces incluía un departamento en Nueva York donde, luego de sus primeras colaboraciones musicales, la gran mayoría de los músicos de jazz pasaban para tener largas reuniones nocturnas.

Conocido por ser buen anfitrión y respetado por ser mejor arreglador, Gil Evans siguió trabajando para otros y para sí mismo dejando un legado de más de veinte discos, algunos de ellos en vivo y otros con invitados como los dos últimos de 1987 con Steve Lacy y Sting.

Pero a mitad de camino a ser una legenda, el atrevido de Evans decidió meterse con otra que acababa de morir. Así armó una orquesta para tocar exclusivamente las canciones de Jimi Hendrix en su etapa más conocida: la Experience.

En 1975 vio la luz el disco por el que los jóvenes del rock pudieron sentarse a escuchar música con sus padres jazzeros por primera vez.

Luego de ése hito tanto el mundo del jazz como el mundo del rock no volvieron a verlo con los mismos ojos y éste autodidacta siguió produciendo, arreglando y componiendo muchos de los mejores discos del género negro, hasta su muerte en Cuernavaca, México en 1988.


GIL EVANS ORCHESTRA PLAYS THE MUSIC OF JIMI HENDRIX – GYPSY EYES (LIVE)

THE BLACKBYRDS – UNFINISHED BUSSINESS/CITY LIFE

Liderados por Donald Byrd, The Blackbyrds fue uno de los grandes grupos de soul y funk de los años 70 en Estados Unidos. Esta banda, se formó en Washington, en los días en los que el trompetista Donald Byrd se cansó de ser un respetado sesionista de músicos como Johnny Griffin en su sexteto, Herbie Hancock en My point of view o John Coltrane en Lush Life, entre otros, y decidió hacer la suya en el mundo de la Black Music. Para eso, reclutó a un par de sus alumnos de la Universidad de Howard donde era Profesor de Música y les enesñó cómo hacer varias de las composiciones que marcaron el beat de lo que serían los 10 años de oro del soul y funk.


Al día de hoy los ocho discos se pueden conseguir de a pares en las ediciones en cd, en un apretuje comercial que varias discográficas pergeniaron en su momento para otros lanzamientos como, por ejemplo, los de Frank Zappa. Más allá de eso, originalmente la discografía de los mirlos fue editada a través del sello Fantasy Records que entre otros, en su época de gloria, editó a Creedence Clearwater Revival.


City Life y Unfinished Bussisness son dos de los discos más exitosos de la carrera de The Blackbyrds, y dentro de ese mamarracho de editar los álbumes de a dos en compact disc, podemos tenerlos juntos en una sola placa.

Se dice que Byrd, de 77 años está planeando junto con algunos ex miembros el relanzamiento de al menos tres de sus álbumes, pero sin sello confirmado.

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