El recomendado de la semana: La Mosca y la Sopa.

En La mosca y la sopa quizás estén presentes dos de los temas más rotados en las radios durante 1991. Hablamos de Toxi Taxi y Mi Perro Dinamita, que por entonces se codeaban con otros éxitos fundamentales del rock argentino como Tu Amor de Aznar y García (que dejaba atrás la filosofía barata y los zapatos de goma), o Rock del pedazo de Ratones Paranoicos, en lo que fue uno de los años más agitados a nivel rock, no sólo afuera, donde explotaba el grunge, sino acá, donde el gen del “puro rock nacional” sentaría sus bases.

En ése contexto El cielo puede esperar de Attaque 77 venía de ser un éxito y terminaban de grabar Rabioso, el primer registro en vivo del grupo. Divividos continuaba con su camino “acariciando lo áspero” mientras aparecía un Greatest Hits de Sumo en las bateas y Las Pelotas debutaba con Corderos en la noche. El heavy nacional se encontraba con una de sus piezas históricas como Ácido Argentino de Hermética y del otro lado Memphis hacía bailar al público ATP. Los Rodríguez lanzaba Buena Suerte y a Calamaro le explotaría en las manos el éxito de Mi Enfermedad y A los ojos.

Sola en los Bares y Caribe Sur de Man Ray tomarían por asalto el dial y compartirían el pulso de Seguir viviendo sin tu amor, de Luis Alberto Spinetta, quien veía cómo uno de sus hijos germinaba con Illya Kuriaki & the Valderramas que estrenaba Fabrico Cuero, y Los Cadillacs empezaban a ver la cima del Everest. Aunque el evento rockero vendría de la mano de Gustavo Cerati y la presentación en vivo de los temas de Canción Animal en un show con 250 mil personas en la 9 de julio a fin de año.

Pero el mayor logro de un disco como La Mosca y La Sopa, a veinte años de su lanzamiento, es su perdurabilidad. En cuarenta minutos encontramos temas como Queso Ruso, Tarea Fina y Un poco de amor francés, que aún son cantados a toda garganta tanto en los recitales de Solari y Beilinson por separado, como en cada reunión, fiesta o tributo que haya por ahí.

Saliendo de la nota policial del asesinato de Walter Bulacio por parte de la policía en las inmediaciones del Estadio Obras durante un show, en abril de ése año, la banda tomó distancia de los escenarios y de la histeria colectiva para componer lo que sería el disco sucesor de Bang! Bang! Estás liquidado. Y entrar en un nuevo sonido sería vital para un grupo que venía consolidando su audio, al igual que una presencia escénica y sobre todo popular, dada la crecida imparable de fanáticos que fue mudando cada reunión a tribunas cada vez más grandes.

No hay demasiado por decir de las aptitudes literarias de Solari ni de las pinceladas de guante blanco y con algunos homenajes de Beilinson que son una constante a lo largo de toda la épica ricotera, incluso en los años oscuros de la triada Luzbelito-Último Bondi…-Momo Sampler. La temática antisistema, el diálogo entre personajes y las historias simples contadas con verso complejo y sin rima se apoyan en la pared formada por Walter Sidotti en la batería, Semilla Bucciareli en bajo y Sergio Dawi en saxo.

Con una propuesta de estirpe stone y con contrapuntos musicales y cambios de ritmo hechos a la medida de la mística ricotera nos encontramos con temas como Fusilados por la cruz roja que llega para ponerle un poco de gusto a “esta vieja cultura frita” alertando de los peligros del fuego amigo; y El pibe de los astilleros pone en palabras lo que podría ser la historia del creador de uno de los riffs más cantados en las páginas del rock local, mezclado con la génesis del amor del cantante con la madre de su hijo.

El rock, como género musical, toma otra dimensión en un disco como La Mosca y la Sopa, donde cualquier frase puede convertirse en una declaración de principios para tatuar o vestir. Olvidado en las encuestas, entre otros álbumes de la misma discografía, este pergamino avisoraba tiempos tumultuosos y convocatorias insospechadas para los escenarios argentinos. Más adelante llegaría la doble alarma titulada Lobo Suelto/Cordero Atado.

En el interior del vinilo Patricio Rey firmaba un breve ensayo hablando de los que “han ganado reputación gracias a los papeles duros y son muñecos vudú de esta sociedad-espectáculo” criticando un poco el lugar en el que se encontraron (y un poco, también, en el que se pusieron) ante los acontecimientos y avisando que “ciertos fuegos no se prenden con dos palitos”.

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