El recomendado de la semana: Guadalupe Plata.

Algo está pasando en España. Suena como un estruendo. Se siente áspero y oxidado. Huele a Blues. Gusta de sacudirte agarrándote de los hombros. Y tiene nombre de mujer: Guadalupe Plata.

Triangulando referencias podríamos decir que Jon Spencer tuvo un hijo con Hablan por la Espalda, pero sería limitar reacciones ante las posibilidades sonoras y de performance que puede ofrecer el trío andaluz en vivo (+18), que más que un grupo del género, son fundamentalistas del Blues (y todos sus derivados).

Amigos de “no hacer dos shows iguales” y de la deformación de sus propios temas, los Guadalupe Plata graban sus discos como lo que son: tres tíos tocando juntos y a la vez. Así se recrudece el audio que explotan desde sus cuerdas, que bien pueden estar enchufadas a un amplificador o recoger el guante de la Vieja Escuela del Delta (Lightnin’ Hopkins, Junior Kimbrough y Charlie Patton) con guitarra a la de Dios, unos golpes intensos al parche y algunos pellizcos a las cuerdas gruesas marcando el compás.

Perico de Dios (guitarra y voz), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo) son los responsables de un “fenómeno”, si se quiere, que les permite tocar tanto en el Primavera Sound, como en festivales de Blues comunales en la Península, o en Austin, Texas, donde ya se presentaron por segunda vez llevándose los aplausos de un público que los reconoció como propios.

Este segundo álbum (lanzaron un EP, también sin nombre, en Diciembre del ’08 con algunas palabras en inlgés) vio la luz en Febrero de este año y se resistió otra vez a las etiquetas: “Creo que nunca titularemos nuestros discos”. Así lo avisó de Dios y así quedará, ya que las palabras están de más en Guadalupe Plata. No hay demasiada letra aunque sí buenas frases, que todas compactadas no armarían una lírica convencional completa.

Los tiempos en las trece canciones de este disco no son ni breves ni extensos, sino los necesarios. Así nos encontramos con temas que no llegan a los dos minutos, o con canciones que arañan los cinco y que hablan de amores (Lorena), dilemas existenciales (Gatito) y una imagen recurrente, que quizás se remita al vínculo con los Westerns con los que creció de Dios: las serpientes y el desierto (Serpiente negra, Como una serpiente, Veneno, Habichuela del Oeste).

Así, partidos entre la premisa digital del Bandcamp y las ediciones underground en vinilo editadas por Folc Records y Sociedas Fonográfica Subterránea, lograron un concepto idílico que no le cabe a muchos “grandes vendedores de discos”: hicieron uno de los álbumes del año. Por idea, por ejecución y por resultado artístico, cultural y trascendencia geográfica. Guadalupe Plata es capaz de darte un beso con gusto a muerte, y aun así hacerte sentir vivo.

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