El recomendado de la semana: Bufallo Killers.

Damas y caballeros, sujeten sus cabelleras, porque directamente desde Cincinatti, Ohio, llega un trío de peludo rock & roll 100% sureño dispuesto a dosificar al más punk.


Buffalo Killers debuta en las bateas en 2006 con un disco homónimo que gustó incluso más que la experiencia llamada Thee Shams, un quinteto de Garage Rock liderado también por los hermanos Andrew y Zachary Gabbard entre 1999 y 2005. En ése primer álbum encontrábamos temas como Children of the War y SS Nowhere que ya proponían un ADN de estirpe setentista con huella en The Greatful Dead, Neil Young, Blue Cheer y The Rolling Stones.

Ya en 2008, editados una vez más por el sello Alive Naturalsound, Buffalo Killers lanzó Let It Ride, álbum con el que se ganaron un lugar en los escenarios junto a consagrados como The Black Crowes y, por entonces emergentes, como The Black Keys. Las canciones con voces dobladas en el disco y cantadas a coro en el vivo pasan a ser una marca registrada. Los tiempos pausados y de paso lento también son característicos, y las letras cargadas de psicodelia nostálgica sobre la vida lejos de las metrópolis, con amigos que van y vienen por sueños o guerras. En el cielo de diez estrellas de los búfalos
las que más brillaron fueron Leave the sun behind y Black Paper, que tiene un solo de guitarra sencillamente antológico.

Alive lanza un año más tarde un compilado con lo mejor de su compañía donde Buffalo Killers, como era de esperar, dijo presente. Y el trío fue responsable de uno de los cortes de ésa edición con Don’t you ever think I cry, canción que estaba acompañada por lo mejor de otros grupos como Black Diamond Heavies, Brian Olive, Hacienda, Left Lane Crusier, Radio Moscow y The Black Keys, entre otros.

Y tras más de dos años de giras acompañando a otros artistas y participando de festivales multitudinarios, el trío de los hermanos Gabbard y Joseph Sebaali desembarcó en las disquerías con 3 (Three), su nuevo disco. Aquí la influencia de los últimos Beatles se hace, quizás un tanto más notoria, dada la merma en la cantidad de guitarreo blues furioso que fue moneda corriente en sus dos entregas anteriores.

Esta vez son doce las canciones que arman el disco que abre con la sobrecargada de guitarras Huma Bird y cierra con la lluviosa Could never Be. En el medio, All turn to cloud es Fogón Hippie Siglo XXI, y si se quiere, una buena carta de presentación para el sonido de los pelilargos. Que si bien no es nuevo, es un ejercicio de su propio estilo y está muy bien hecho.

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